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Acompañamiento Espiritual

Manual Asistencia Espiritual

“Red de Salud UC Christus presentó su Manual de Asistencia Espiritual como apoyo a colaboradores: cuando los familiares pidan realizar una oración por algún paciente, quienes se encuentren de turno cuenten con una guía para hacerlo.

Este documento tiene pautas de oraciones que se pueden rezar en diversas situaciones que impliquen un estado grave o irreversible en la salud de alguno de nuestros pacientes, para de esta forma podamos entregar el acompañamiento espiritual tan necesario para estos casos.

Para la correcta utilización de este manual, un grupo de 37 colaboradores fueron capacitados y a quienes les solicitamos pedir ayuda en caso de necesitar utilizar este documento. Pinche aquí para conocer el listado.” 

 

 

 

 

Acompañar al enfermo en el proceso de su enfermedad

Fuente: "Vademécum para acompañar enfermos de modo personalizado" Recopilación realizada por el Dr. Pietro Magliozzi y el Dr. José Alvear.

Misión de las Unidades de Acompañamiento Espiritual

Misión de las unidades de acompañamiento espiritual

Canalizar las necesidades espirituales de enfermos, sus familias y funcionarios del hospital.dos-personas

· Canalizar las necesidades espirituales de enfermos, sus familias y funcionarios del hospital.
· Asistencia Espiritual al enfermo, sus familias y funcionarios del hospital.
· Acompañamiento Espiritual en el duelo.
· Capacitación del personal del hospital en materias Espirituales y de Bioética.
· Sacramentos para el enfermo, sus familias y funcionarios del hospital.

Objetivos de las Unidades de Acompañamiento Espiritual

· Dar asistencia espiritual ecuménica a los enfermos, sus familias y funcionarios del hospital
·Fomentar y proteger el desarrollo integral del paciente hospitalizado y del funcionario del hospital.
·Contribuir a la dignificación de la atención hospitalaria
·Canalizar las necesidades espirituales del personal, enfermos y su familia de acuerdo a su credo religioso.
·Desarrollar, promover y organizar labores de difusión, sensibilización y capacitación en torno a la atención espiritual de pacientes, ya sea a través de charlas, cursos, congresos, jornadas regionales, nacionales e internacionales.

Introducción

El hospital no puede desentenderse de la experiencia de sufrimiento, enfermedad o muerte de las personas. Ha de hacer presente, de forma particular, la fuerza humanizadora y salvadora de Cristo. La Unidad de Acompañamiento Espiritual del hospital ha de estar al servicio del enfermo. Sin duda, la fuerza, el sentido y la esperanza de la fe cristiana es lo mejor que la comunidad hospitalaria puede ofrecer al enfermo. Pero, las necesidades pueden ser muchas y de todo tipo. Hay quienes necesitan fortaleza en momentos depresivos o de abatimiento. Otros necesitan reconciliarse consigo mismo, con su pasado, con su familia y con Dios. Hay quienes buscan compañía para afrontar la soledad. Necesidades de orden físico, psicológico, moral, espiritual... Necesidades de seguridad, de amor y autoestima, de reconciliación y esperanza...

La Unidad de Acompañamiento Espiritual debe esforzarse por acompañar al enfermo en el proceso de su enfermedad para ofrecerle lo que, tal vez, no recibe de la asistencia sanitaria y social y que, sin embargo, necesita para vivir con sentido y esperanza las diferentes fases de la enfermedad, para luchar dignamente por la salud o para acercarse a la muerte con esperanza. Vamos a dedicar el tema a profundizar en el acompañamiento del enfermo para ayudarle a la experiencia de la enfermedad coma una experiencia de gracia.

1. Viaje al mundo del enfermo

Desmoronar enfermo es entrar en un mundo diferente. La enfermedad plantea al hombre serio problemas en planos muy diversos. En el plano físico, la enfermedad es un acontecimiento que impone: fatiga, dolor, hundimiento.

La enfermedad bloquea al hombre a pesar suyo, invade la conciencia, domina y esclaviza la voluntad, amenaza con destruir lo que se tiene y lo que se es. Una extraña sensación se apodera de uno mismo mi cuerpo esta contra mi.

También la relación con los demás se transforma. La enfermedad lleva al enfermo a prestarse una atención exclusiva, a replegarse sobre sí mismo, a sentirse como el único en sufrir. Se estrecha su horizonte: una habitación, unos movimientos, unos pocos gestos. Se percibe a sí mismo como una carga para los demás.

Quizá debe ser ayudado en todo: comer, cambiarse, satisfacer sus necesidades más elementales. Se siente en una situación de dependencia que modifica profundamente la relación que antes tenía con otros: ahora se halla siempre en el lugar del que recibe. En muchos casos, la comunicación con los demás se hace difícil; a veces, se falsea o desaparece: los que vienen a verme hablan de cosas sutiles (Sal. 41, 7).

El enfermo palpa la fragilidad de su ser, que hasta ahora creía firme y seguro; le ronda la idea de la muerte; acecha quizá la rebeldía y el escándalo; vuelve una y otra vez parecidos interrogantes ¿por qué? ¿Por qué a mí? ¿Qué habré hecho yo?...

2. Claves para ayudar al enfermo a vivir su enfermedad como experiencia de gracia

camilianoPara vivir sanamente proceso de su enfermedad y de su muerte, cada enfermo necesita la ayuda y el apoyo de alguien que sepa acompañarle con un estilo de presencia nuevo: una presencia inspirada y dinamizada por amor; una presencia que sabe adaptarse a cada persona, respetándola profundamente en su historia, sus creencias, etc.; una presencia que le ayuda al enfermo a echar mano de sus recursos curativos, a liberarse de todo aquello que le angustia y hacer sufrir; una presencia que sea capaz de reavivar en él las ganas de vivir y le permita encontrar el "sentido" a cuanto le pasa, convivir con su enfermedad, asumir serena y cristianamente lo incurable y la muerte.

La primera ayuda al enfermo es luchar con él contra el dolor, quitarlo si es posible, o al menos aliviarlo y mitigarlo "el evangelio es la negación de la pasividad ante el sufrimiento" "Entra dentro del plan providencial de Dios el que el hombre luche ardientemente contra cualquier enfermedad y busque solícitamente la salud para seguir desempeñando sus funciones en la sociedad y en la Iglesia... Los médicos y todos los que de algún modo tienen relación con los enfermos han de hacer, intentar y disponer todo lo que consideren provechoso para aliviar es espíritu y el cuerpo de los enfermos".

Otra ayuda -no menos importante- es compartir con el enfermo la nada fácil tarea de vivir su dolor sanamente: afrontarlo con realismo, asumirlo conscientemente, apropiarse de él e interrogarlo beneficiosamente en su existencia, conferirle un sentido, llenarlo de amor y vivirlo en la esperanza.

Pero ¿cómo prestar esta ayuda al que sufre? No es fácil. No sirven las recetas prefabricadas. Cada persona es irrepetible y su experiencia es personal y singular. Ofrecemos algunas claves o pistas para realizar esta delicada misión.

· Acercarnos al enfermo

No se puede ayudar al que sufre a distancia. Hay que acercarse a él y adentrarse en lo que está viviendo, movidos por la compasión y el deseo de consolar, alentar y servir de apoyo. Es preciso hacerlo sin prisas, con tacto y con respeto, sin paternalismos, dejando y facilitando que el enfermo sea el protagonista.

La solidaridad tiene un poder curativo: activa y hacer presente al que sufre el amor de los hermanos y de Dios. Las horas de soledad para el enfermo son demasiado largas. Las acortan tan sólo la cercanía y el calor humano de quien se acerca para visitarle.

· Acompañarle en su camino

El camino que cada enfermo recorre generalmente es largo y costoso y pasa por múltiples y variadas etapas y momentos de ánimo. Hay que acompañarle en su camino, respetar su ritmo, ofrecerle lo que necesita en cada situación. Acompañar al enfermo comporta: Mostrarle cercanía, confianza y amor; preocuparse por todo sin preocupar; conmoverse con todo sin compadecer; aguantar sus rarezas sin incomodarse; hacer el bien sin crear dependencia; infundir ánimo, fuerza y esperanza; estar disponible sin imponer.

"Cuando estamos con personas que sufren, suele resultar evidente que es muy poco lo que podemos hacer para ayudarlas, fuera de estar presentes, de caminar junto a ellas como el Señor camina junto a nosotros. Esto nos resulta frustrante porque nos gusta ser "reparadores". No solo queremos controlar nuestro destino, sino también el de los demás. Por eso nos produce frustración cuando lo único que podemos hacer por los que sufren es estar presentes para ellos, orar con ellos, convertirnos, en efecto, es un amigo silencioso de la presencia y el amor de Dios"

· Escuchar al enfermo

La persona herida encuentra alivio cuando tiene la oportunidad de contar y compartir lo que lleva en su interior. Dejar que afloren las angustias escondidas, las esperanzas frustradas, supone un respiro interior para el que sufre.

No es fácil escuchar. Se requiere sensibilidad, capacidad para sintonizar, saber leer lo que el otro nos dice con sus palabras y, sobre todo con sus silencios, sus gestos, su mirada... Escuchar es un arte. Hay que aprenderlo y adiestrarse en él.

Saber escuchar exige ponerse en lugar del que sufre, acoger su historial personal, percibir el impacto que el sufrimiento tiene en cada persona, saber implicarse pero sin caer en el pozo del sufrimiento, mantener la justa distancia que permite seguir siendo uno mismo, conservar la autonomía y la claridad para poder ayudar.

"Estar a la escucha. Escuchar es ante todo una actitud. Es tratar de comprender al otro con sus sufrimientos, sus deseos y su esperanza, sin juzgarle ni condenarle. Escuchar es prestar atención no solamente a las palabras, sino también al cuerpo, al lenguaje no verbal: su cuerpo, sus lágrimas, sus tristezas, su sonrisa y sus caricias, sus gritos de rabia. Hay que estar atento a ese lenguaje sencillo y concreto para captar los sufrimientos y las penas del otro, sus deseos y sus esperanzas, sus límites, sus heridas interiores... Escuchar es estar abierto y disponible con el otro para acoger lo que quiere dar, a veces todas sus rebeldías y tinieblas, pero también toda la belleza de su corazón

Pero esta escucha, esta proximidad no siempre son fáciles. Pueden hacer tambalear nuestras seguridades. Escuchar atentamente al otro es captarle en el interior de sí mismo, comprenderle y amarle; es atreverse a mirar la cizaña y el buen trigo de su campo poniendo palabras justas sobre la realidad sin culpabilizarle; es también confiar en la vida que hay en él"

· Comprender y acoger

La acogida y comprensión de las relaciones del que sufre es un medio terapéutico que alivia el peso del corazón herido. Por el contrario la incomprensión constituye un dolor sobreañadido para quien está sufriendo y se queja. Cuando actuamos así nos convertimos en consoladores inoportunos y falsos, como los amigos de Job, que en lugar de llevar alivio y paz, provocan su irritación y se sublevan contra todos. Frente a los desahogos de quien culpa a Dios por los sufrimientos, muchos se sienten llamados a salir en defensa de Dios

Animo resignación... son palabras inútiles cuando hay dolor. No sirven para nada. Dice más el silencio de quien acompaña con cariño y respeto que los consejos, razones y explicaciones racionales, "Vinagre en la llaga, ir sin ropa en el río, es cantar coplas al corazón apenado" (Prov. 25,20)

"Es fácil decir palabras bonitas, dar toda clase de consuelos y explicaciones cuando no te duele nada o no estás "cogido" por el sufrimiento. Es fácil hablar de una realidad dura y buscarle soluciones desde fuera. Pero si está en ti y experimentas la impotencia tuya y de los otros, necesitas de ese hondo silencio para acoger. El silencio es la palabra que te revela su Presencia, porque todo su ser se hace silencio. Lo necesitas para "aguantar" con paz. Dios se hace también silencio en esos momentos. Él es tu paz" Cecilia

· Fomentar en él actitudes saludables

El enfermo puede adoptar ante el sufrimiento que le aqueja actitudes y comportamientos positivos y fecundos o negativos y estériles. Unos le permitirán afrontar y vivir el dolor de forma constructiva. Otros, por el contrario, harán más insoportable y destructivo su dolor.

El que acompaña al enfermo ha de ayudarle a discernir sus actitudes y comportamientos y cultivar los que son positivos. He aquí una lista: mantener una actitud vital, confiar y colaborar activamente con el personal sanitario, asumir la propia debilidad, paciencia activa, no volverse mimoso, exigente o acaparador, sentirse útil, preocuparse por los otros, no abusar de los que le cuidan, ser agradecidos, ser indulgentes con los otros, centrarse en los aspectos positivos..

"Le doy gracias a Dios porque me ha dado la fuerza de ver mi realidad, pero me ha dado la gracia de ver la de los demás; de detectar el sufrimiento de todos, de no pensar que el mío es el peor, sino sólo el mío, y que el de los otros es fuerte, punzante, angustioso.. porque es el suyo... He descubierto que se puede dar amor y hacer felices a los demás con muy poco: recordar su nombre, una sonrisa, una palmada, un ¿cómo estás?, un chiste, una expresión de comprensión... una escucha"

· Pedagogía para asumir el dolor

1. Alimentar una actitud de realismo. No somos los únicos en sufrir.
2. Aceptar que somos limitados.
3. Recordar el estímulo ejemplar de otros enfermos.
4. Usar los medios normales: medicamentos, ratos de descanso, contacto con la naturaleza...
5. Fijar la atención en el presente e intentar vivirlo. "No os agobiéis por el mañana"
6. Orar.
7. Compartir con Cristo el dolor.
8. Descubrir la misteriosa presencia del Señor, acompañante excepcional y fiel.
9. Aceptar la realidad.
10. Confiar en Dios y abandonarse en sus manos.

· Encontrarle sentido

Como dice V. Frankl, la sanación se produce mediante el hallazgo de sentido. La búsqueda seria de sentido, La voluntad de dar con el sentido, mantienen al hombre en el comino que conduce a una salud auténticamente humana. Acompañar al que sufre en su camino para encontrar sentido al dolor, es una de las maneras de ayudarle a vivirlo sanamente "dentro de cada sentimiento humano aparece inevitablemente la pregunta por el sentido. Sólo el hombre, cuando sufre, sabe que sufre y se pregunta por qué. Y sufre de manera humanamente más profunda si no encuentra una respuesta satisfactoria" (Juan Pablo II)

"El dolor solo tiene sentido desde la perspectiva del plan del Padre, como una configuración real con Cristo, por la obra del Espíritu Santo. Por la cruz " completo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Jesucristo a favor de su cuerpo". Gracias, Jesús, porque has querido asociarme de este modo especial a tu cruz. Dame fuerza y serenidad para llevar esta cruz hasta lo que tú quieras. Para llevarla incluso con alegría. Ya sabes que tengo miedo. Gracias, madre porque tú también estás conmigo, animándome y ayudándome"

· Ayudarle a purificar la relación con Dios

El sufrimiento es ocasión para la maduración y el ahondamiento de la experiencia de Dios. Así le sucedió a Job. Sólo el sufrimiento, con el ocultamiento y la ausencia de Dios que ha supuesto, le permitirá encontrarse con el ministerio de Dios y confesar: "yo te conocía sólo de oídas, pero ahora te han visto mis ojos" (Job 42, 2-6)

La relación sana con Dios, especialmente en el sufrimiento, requiere una purificación constante. Pues fácilmente proyectamos en Él nuestros temores, deseos, pensamientos... y no nos relacionamos con Él tal cual es. Al final de la noche oscura del sufrimiento experimentamos, como Job , el misterio vivo de Dios, fuerte en la debilidad, presente en la ausencia, elocuente en medio del silencio. En el corazón del dolor nos espera siempre el amor de Dios. Un Dios que sufre con nosotros para que nosotros aprendamos a amar con Él y como Él

"Dejadas de lado estas horas negras, yo encontré en mi enfermedad muchas cosas positivas. Empezaré a enumerarlas citando un mejor y más íntimo conocimiento de Dios. Creo haber dicho que, por fortuna y sobre todo por la gracia, viví siempre en la fe y en un amor a Dios que era algo normal en mi vida. Dios era realmente mi Padre, Jesús mi amigo y compañero. Pues bien: en la enfermedad he sentido más cercana esta paternidad y ese compañerismo. Sólo la gracia de Dios ha podido mantenerme alegre en estos últimos años. Y confieso haberla experimentado casi como una mano que me acariciase"

· Implicar a la comunidad

Los múltiples desafíos del dolor son una llamada a la comunidad, que debe ser consciente de que cada vez que uno de sus miembros está herido, todo el organismo sufre. "Por que el cuerpo no es un miembro, sino mucho... si un miembro sufre, con él sufren todos los miembros" (1 Co 1,26) "La presencia abundante de amigos (¡ cómo pude constatar la fraternidad que crea la fe evangélica!), su ayuda material y espiritual, colaboró también a hacer posible lo que parecía imposible. Era como el recordatorio permanente, como las señales que me indicaban que Dios no se olvidaba de mí y me enviaba a los hermanos para hacerme presente su amor de Padre. Sí, es Dios mismo quien nos ama en el ame a los seres que nos rodean"

"La Unidad de Acompañamiento Espiritual atenderá la necesidad de los enfermos sin ningún tipo de discriminción y alentará la promoción de las asociaciones y fraternidades de enfermos, ya que son éstos los que, por sintonizar de manera más directa con otros enfermos, podrán realizar una gran labor pastoral en este campo. De este modo será patente que la Unidad es una comunidad cristiana, esto es , abierta a las necesidades de todos los hombres. Convendrá tener en cuenta que, si bien hay que dar razón de la fe y la esperanza cristiana, ha de evitarse todo tipo de proselitismo o coacción, opuesto a la dignidad de la persona humana y la libertad religiosa. También se tendrán en cuenta las especiales circunstancias de cada enfermo, a fin de ser utilidad y no estorbo"

"Acercaos, pues, a los enfermos con el mismo respeto, discreción y cariño con que lo hacía Jesús, ejercitad con ellos vuestras dotes de paciente y amorosa escucha, dejad que surjan espontáneos sus desahogos y, cuando encontréis la ocasión propicia y oportuna, habladles con suave persuasión de Aquél que dijo: Venid a mí todos los que os sentís fatigados y abatidos, que yo os aliviaré (Mt 11, 28). Ayudadles a ver que en el encuentro espiritual con Jesucristo, en la compañía y comunión con él, Dios se convierte en nuestra Vida inseparable, en el Médico (Ex 15, 26) que escucha el clamor de su pueblo (Ex 3, 7), que endereza a los que ya se doblan (Sal 145, 8), que sana los corazones desgarrados y venda sus heridas (sal 146, 3)

Al anunciar a Jesucristo a los enfermos, haceos eco del mensaje tocante a la salud ya anticipado por los profetas: Fortaleced las manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes; decid a los abatidos de corazón: Ánimo, no temáis! Mirad que viene vuestro Dios (Is 35, 3s), mensaje que él vino a convertir en realidad. Aseguradles que entra dentro del plan providencial de Dios el que el hombre luche ardientemente contra cualquier enfermedad y busque solícitamente la salud, para que pueda seguir desempeñando sus funciones en la sociedad

Contribuid, mediante vuestra visita pastoral, a despertar en los enfermos esa salud de Cristo sembrada en su interior ya desde el momento del bautismo por la gracia del Espíritu Santo, y exhortadles a la unión espiritual con Jesús, ya que quien está unido al Señor se hace un solo espíritu con él (1 Cor 6, 17). Así experimentarán, como San Pablo, que incluso cuando se sienten débiles, habita en ellos la fuerza de Cristo (2 Cor 12, 9-11).

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